Así es: reconocemos no haber sido capaces de aguantar los 18 minutos que pide el juego. Es eso y nada más: 18 minutos. Poco más de un cuarto de hora. Sin gritar. Don’t Scream supone una revolución en lo que a videojuego inmersivo se refiere, al forzarte a jugar con el micrófono encendido de manera que, a la mínima que te asustes, pierdas. Por lo demás, fácil: tienes que moverte, tú eliges por dónde. Empiezas en medio de un bosque, donde parece que ha habido un accidente aéreo, y tú decides si investigar más o intentar alejarte. Tú decides si entrar en esa casa abandonada o seguir por el campo. A medio camino entre El proyecto de la bruja de Blair y el Silent Hill, el juego te busca las cosquillas por medio de animales que corren, palomas que vuelan… y… bueno, y otras cosas. Da igual que hayamos visto infinidad de películas de miedo. No hemos evitado gritar. ¿Lo pruebas?
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