Básicamente esa es la premisa: Eisenberg y Culkin, que hacen de primos en la película, emprenden un viaje a Polonia para reencontrarse con sus raíces y, de paso, combatir ciertos demonios interiores. Suena a poca cosa, a típica película de americanos de turismo por Europa, pero nada más lejos: puede que sea verdad que no haya nada de especialmente sorprendente en ella, pero A Real Pain es una película cargada de mensajes y matices la mar de interesantes, transmitidos por vía de un par de intérpretes en estado de gracia recitando a ritmo de Chopin. Un disfrute completo.
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