En la edición 2019 del Atlàntida Film Fest hay una sección denominada WTF, que como su nombre indica esconde rarezas para parar un tren. Sin duda, una de las más llamativas es Diamantino, en la que un doppelgannger de Cristiano Ronaldo protagoniza la última locura portuguesa: el delantero estrella de la selección lusa entra en crisis, así que le da por adoptar a un refugiado y replantearse su carrera como estrella del fútbol. Hasta ahí bien. Sólo que también hay perritos gigantes correteando por estadios de fútbol envueltos en niebla rosa, mutaciones físicas, apologías (en clave irónico claro) al portugexit, disfraces, clones… vamos, que sí, que un WTF en toda regla.

El problema está en que esa sensación de sorpresa lleva al film de Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt a usar dos velocidades que no siempre encajan entre sí. Por un lado, esa locura daliniana (o así) que tira de surrealismo y excentricidad: desde el primer minuto aparecen schnauzers gigantes, por lo que la inercia del espectador pasa por querer más y más locuras. Por otra, un tempo lentísimo al que todo transcurre, a ritmo de un exceso de voz en off que pretende normalizar el tinglado mediante un acercamiento al drama arriesgado, agradecido… pero no del todo logrado.

El resultado de todo ello es una película curiosa en el mejor sentido de la palabra, pero cuyo seguimiento se antoja dificilillo… y no en el mejor sentido. Diamantino, un poco como Cristiano Ronaldo con la selección portuguesa de hecho, no puede evitar cierta sensación de quiero y no puedo, al contar con una idea excelente resuelta de manera titubeante. Falta de jugadores de equipo, si se quiere. Ojo, que si seguimos con el símil futbolístico, continua siendo interesante, pues cuando se le pasa la bola a la estrella, hay jugadas gloriosas: el perro portero, la potente escena en el mar, esa extraña investigación… Incluso hay momentos en que Diamantino logra una jugada de ataque de aúpa: la relación entre la pareja protagonista goza, contra todo pronóstico (recordad que esto empieza con perros gigantes), de grandes dosis de sutileza y humanidad.

Así que sí, la película es recomendable y sí, quien busque rarezas en el cine verá aquí la mayor de las fumadas. Pero a su vez, se queda a medio camino. Eliminada en cuartos, cuando podía haber sido el equipo que ganó la Eurocopa de 2016. Quizá apuntar a demasiadas dianas a la vez haya jugado en su contra. O quizá sea uno de aquellos casos de película inclasificable que genere apasionados amores y desamores sin vía media. Pero no, esto es más bien un Rusia 2018. A octavos y poco más.

Trailer de Diamantino

julio 2, 2019

Por Carlos Giacomelli

Atlàntida 2019

Carlos Giacomelli

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