La adaptación de la historia real de Molly Kochan, que a su vez sirvió de hilo conductor para un pódcast de mismo título, se salda como una de las sorpresas agradables de la temporada. La serie Dying for Sex no revoluciona ni busca sentar cátedra alguna, pero sí se muestra sumamente honesta en su voluntad por hacernos reflexionar y romper algunos tabúes sobre la muerte, la enfermedad y el sexo. Con un reparto exquisito y una ristra final de episodios que va en ascenso cualitativo, se convierte en una candidata perfecta para el binge-watching en una tarde tonta de resaca o pocas ganas de salir de casa en general.
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