El cine islandés parece haber encontrado en Hlynur Palmason a su Werner Herzog particular. Ver Godland es recordar aquellos viajes imposibles que el director alemán hacía emprender a Klaus Kinski. Pero también es una obra de arte exquisita, que hace valer la importancia de la fotografía en el mundo tanto como en una película. A lo largo de los 145 minutos que dura el metraje, no serán pocas las veces en que te quedarán en un estado de trance, prácticamente, asistiendo al espectáculo para la vista (y oído) que ofrece esta película. ¡Más info, cero spoilers, en esta crítica!
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