Si bien la sección oficial del festival de San Sebastián siempre se caracteriza por su eclecticismo, la inclusión de High Life ha sido una sorpresa gratificante a la vez que desconcertante. Claire Denis se embarca en una misión espacial low cost en el que nos habla del ser humano, la soledad y ¿el sexo?

El punto de partida de High Life no es especialmente novedoso: un grupo de convictos es enviado al espacio con fines científicos. La nave está capitaneada por el personaje de Juliette Binoche, una doctora especializada en fertilidad que usará al resto de pasajeros como cobayas.

Entre los criminales encontramos a Monte (Robert Pattinson) verdadero protagonista de la historia ya que sobre él se estructura la narrativa en tres tiempos de la historia. Denis juega alternando presente, pasado y futuro a su gusto obligando al espectador a esforzarse, pero no mucho, en colocar cada pieza en su lugar.

El cine de ciencia ficción con misiones avocadas al fracaso siempre recorre los mismos puntos comunes y High Life no es una excepción. Tenemos enfermedades, brotes de violencia y el siempre desconocido espacio. El punto en el que consigue desmarcarse esta película es en su construcción de una atmósfera viciada y opresiva con muy pocos elementos. Binoche es la maestra de ceremonias a la hora de orquestar el desasosiego en el espectador. Su personaje es la autoridad en el microcosmos de la nave y pronto empezamos a ver que algo no funciona en esa cabecita. Las ambiciones personales sobrepasan las profesionales y comienza una espiral de malas decisiones que van cruzando todas las líneas rojas.

Uno de los puntos más chocantes e inesperados viene del tratamiento del sexo. Una bruma de instintos primarios nubla a todos los tripulantes de la nave que por suerte cuentan con una habitación de recreo sexual. De hecho es en esta habitación donde ocurre una de las escenas más impactantes y mejor construidas de la película. Fluidos, muchos fluidos.

Al terminar la película habrá interpretaciones que la tratarán como un drama sobre la paternidad, otros encontrarán en ella una metáfora existencialista, pero lo que nadie podrá negar es que consigue hacer algo especial en un género trilladísimo. No esperemos pirotecnia y disfrutemos de su sinuoso ritmo.

 

Rueda de prensa de High Life en San Sebastián

 

 

febrero 3, 2019

Por Iñaki Arriaga

Sitges 2018

Iñaki Arriaga

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