Como ya hablamos al reseñar el capítulo 3, titulado Pooka y dirigido por el español Nacho Vigalondo, Into the Dark llega de la mano de Hulu y HBO para suplir la escasa oferta de género de terror existente en la popular plataforma, y así no depender sobremanera de dragones y series intensitas en cuanto al drama.
Cada episodio, a estrenar con periodicidad mensual, retrata una historia de miedo ambientada en una popular fiesta, donde nuestros horrores se hacen más grandes y evidentes, en el contexto de una celebración a la que se le suponen felicidad y buenas «vibras».
En el caso del primer episodio de esta antología, The Body, y como no podía ser de otra manera, es Halloween la festividad que envuelve el relato. En este caso, un sicario muy metódico y con mucho tornillo suelto, que acaba de asesinar por contrato a un popular famoso, acaba en una fiesta de disfraces al encontrarse las ruedas de su coche pinchadas. Unos desconocidos le ofrecen disfrutar del evento al creer que lleva un disfraz a lo Patrick Bateman (American Psycho), cadáver incluido. Obviamente, todo se tuerce y el asesino acabará persiguiendo a los organizadores del jolgorio.
La comedia acompaña buena parte del metraje de esta historia, y viene genial, gracias sobre todo al plantel de secundarios, como es el caso de Ray Santiago (la serie Evil Dead), que se lleva los mejores momentos y frases. El capítulo se deja ver, aunque se alarga excesivamente y el final nos lo olemos a lo lejos, pero es una buena forma de comenzar el producto.
En el segundo episodio, Flesh & Blood, desarrollado durante las fiestas de Acción de Gracias y el Viernes Negro, una joven que padece agorafobia tras el asesinato un año atrás de su madre, sin que la policía haya logrado atrapar al matarife, empieza a sospechar que es su padre quien se esconde tras el crimen, no solo de su esposa, sino de otras jóvenes desaparecidas en los últimos meses. ¿Tendrá razón o su cabeza le está jugando una mala pasada tras el trauma acaecido?
Aquí sí asistimos a una duración demasiado alargada, de más de hora y media, que lastra la historia, una muy bien conocida por todos, la del sospechoso que se halla en casa del vecino o en tu propio hogar, y que nos recuerda a filmes más solventes y logrados, como Hush de Mike Flanagan o Verano del 84. El temor de la protagonista a salir de la casa está poco aprovechado y asistimos a la resolución final con hartazgo y tedio. Quizá en un metraje más reducido, de unos 45 minutos, la historia se habría notado menos estirada y con menos abuso de giros locos de guión.
Seguiremos repasado esta obra con los próximos estrenos de HBO.
Trailer de Into the Dark: The Body
…y trailer de Into the Dark: Flesh & Blood
