Una de los traumas más gordos del cine reciente fue la separación de los hermanos Coen. Tras una carrera prácticamente impecable, Joel y Ethan partían peras y mientras el primero estrenaba, casi de inmediato, su ambiciosa (y sensacional) revisión de Macbeth, el segundo se hacía de rogar un poquito más antes de presentarse en sociedad en solitario y con un título, cuanto menos, inesperado: el documental Jerry Lee Lewis: Música del diablo. Una hora y diez de documental musical (con producción de Mick Jaggery Victoria Pearman, y distribución de A24, por cierto) que recorre cual torbellino la vida del músico y que confirma la habilidad de Coen como narrador de historias… al tiempo que se echa en falta algo más de personalidad detrás de las cámaras. Curiosamente, justo lo opuesto a lo que lo ocurría a su hermano en su debut en solitario.

Y es que empecemos por lo malo: Jerry Lee Lewis: Música del diablo es poco más que un montaje (con mayor o menor gracia, eso es otra historia) de vídeos de archivo. Entre grabaciones de las funciones y declaraciones televisadas del músico, la película se limita a hacer lo que todo documental musical debe hacer, que es pasar por la vida de su estrella principal al tiempo que se recogen los highlights de su carrera. Ni más ni menos. Así pues, como muesca del género, impecable. Como parte de la filmografía de uno de los nombres más estimulantes de la historia del cine, un poco corta.

Más estimulante es la forma en que está contada. Como un rayo pasa por nuestros ojos una película que permite vibrar con los mejores hits de Jerry Lee Lewis en su totalidad, al tiempo que mantiene vivo el interés sobre la historia de su vida por medio de una narración de ritmo muy picado. Tanto, que no son pocas las voces que le critican a Coen un exceso de suavidad a la hora de exponer los recovecos más oscuros de la turbulenta vida del cantante. No es que Música del diablo no se moje: se exponen los excesos con el alcohol, su prematura cancelación y sus escarceos varios. Pero entran y salen como meras comparsas de un espectáculo que está por encima de todo ello, como por encima de todo ello están Whole Lotta Shakin’ Goin’ On o Great Balls of Fire.

Y es justamente aquí donde, quizá, se encuentre lo que realmente eleva a la película por encima de otros documentales, confirmando de paso a Coen como un apasionado de contar historias. Contrariamente a lo que apuntan tales críticas, Jerry Lee Lewis: Música del diablo parece querer enarbolar un discurso más sutil y poético, en el que la música está tapando las sombras. La música, dicho de otra manera, vista como redención, como vía de escape; como lo único que importa y que, en el fondo, satisface a un personaje, por lo demás, acosado por una insatisfacción constante. Si se quiere abrazar esta lectura, Jerry Lee Lewis: Música del diablo (Trouble in Mind en su mucho más atinada versión original) se descubre no sólo como un justo, vibrante homenaje a la música de Jerry Lee Lewis, sino como una delicada y sentida oda a la función reparadora del arte por desviada que esté la vida de su autor. Si no, no es más que una selección de vídeos para contar la vida de un tipo de cuestionable moralidad pero muy bueno en lo que hacía. Allá cada cual.

Jerry Lee Lewis – Great Balls of Fire

marzo 31, 2023

Por Carlos Giacomelli

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Carlos Giacomelli

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