Injustamente olvidada por público y premios, La vida en llamas logró tener sus 15 minutos de gloria gracias a festivales, principalmente temáticos. El Festival de Cine Europeo de Sevilla, el Festival Internacional de Cine del Medio Ambiente… precisamente a este último pudo acudir un servidor, gentileza de Ecoticias, y menos mal: apenas si se mantuvo en cartel más allá del fin de semana de su estreno, en los cines más pequeños de la geografía española. Inexplicable (y profundamente triste) habida cuenta de su aportación para el cine, que es doble. Por un lado, la propuesta de Manuel H. Martín cumple a la perfección en su función documentalista: el objetivo es convivir con BRICA, cuerpo de élite de bomberos forestales, durante una temporada estiva en Andalucía, y para ello, el equipo cinematográfico se convierte en un miembro más del pelotón. Y con ello, por extensión, el espectador. La vida en llamas huye de conspiraciones e intereses políticos, tan tristemente próximos a los incendios que cada año se generan (en terrenos declarados urbanizables poco antes); pretende ensalzar la anónima labor de los bomberos por preservar, por encima de todo, la seguridad del ciudadano… tema que, por otra parte, ya da para una película entera. En definitiva, Martín se limita a documentar el trabajo de este equipo desde una perspectiva inusitada y difícilmente repetible.

La otra gran baza del film reside en su inesperado coqueteo con el lenguaje cinematográfico, sus estilos y los convencionalismos de su historia reciente. Y es que esta propuesta es un documental que recuerda a un mocumental (bomberos + found footage, ¿acaso no os suena de cierto bloque de piso barcelonés?) y de hecho su guion recurre a todos los mecanismos propios de la ficción, con tres actos de libro, sus momentos climáticos y sus puntos de giro perfectamente reconocibles. Allá donde una ficción como El proyecto de la bruja de Blair se esfuerza por parecer real, una propuesta de no ficción como La vida en llamas explora las posibilidades expresivas del cine, propias de la aventura, el thriller… la ficción.

Tanto por la temática como por su presentación, la película que nos ocupa acaba generando un interés incuestionable. Quizá se podría discutir la decisión de su director por huir de toda connotación política, pero no menos lícita es su voluntad por rendir un homenaje por todo lo alto. Y es que La vida en llamas aglutina momentos de gran cine que la tornan, fotograma aquí y fotograma allá, épica. Si tan sólo se le hubiese dado algo de bola…

 

Trailer de La vida en llamas

https://www.youtube.com/watch?v=UMYInqQNwng

 

 

marzo 14, 2016

Por Carlos Giacomelli

Carlos Giacomelli

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