La película turca que pasó casi de manera invisible durante los primeros días del festival, es de esas que se te agarra al cerebro y no te suelta. Hace mella, y de qué manera, si se quiere entrar en su juego. Un juego que, por cierto, no podría estar más alejado de los lugares comunes del festival… Vamos, que no pega nada aquí. Lo cual, por cierto, la convierte en la mejor película de Sitges 2025 de momento…
