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  • Crítica de Sentimos las molestias (Movistar Plus+)

Una comedia como esta, de seis capítulos de veintipocos minutos de duración y con semejante premisa, debería dar pie a una reseña sin complicaciones. A saber: en Sentimos las molestias, Antonio Resines y Miguel Rellán protagonizan una historia de amistad de esas de toda la vida entre dos polos opuestos (el primero director de orquesta, el segundo rockero de la movida) que se niegan a asumir que el final se acerca; que el mundo sigue corriendo y a ellos, a lo mejor, les iría yendo bien echar un poquito el freno. Con el inconfesable complejo peterpanesco como único tema en común entre ambos, se genera una comedia a caballo entre la añoranza y lo casposo, lo entrañable y el cuñadismo desfasado, la risa y la lagrimita tonta. Es tan previsible el cómputo final, que no habría que alargarse mucho más. Sin embargo, hay gato encerrado: y es que esta nueva serie original de Movistar Plus+ viene con firma, y vaya par de firmas: nada menos que las de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, de cuyas manos han salido las propuestas indies españolas más salvajes de los últimos años, tanto como la serie más incómoda que probablemente se haya emitido jamás en la plataforma, como es Vergüenza. Había, pues, un extra de interés en ver cómo afrontaba esta dupla tan difícil de etiquetar, un tema que ni le toca de lleno (aún están lejos de su ocaso) ni es habitual en su filmografía.

Tristemente, la respuesta asoma a las primeras de cambio y cuanto más se tarde en aceptarla, peor para el espectador: con la mayor de las vulgaridades se va desarrollando una serie tan previsible como inocua de principio a fin. Por respeto a sus actores o miedo a las consecuencias, Sentimos las molestias se aleja de cualquier atisbo de polémica, de chiste fuera de tono, de entramado con enjundia. Es la vida de estos dos vejetes que se ven obligados a vivir juntos y generan diversas situaciones había cuenta de sus diferencias personales y rutinarias. Que si «tienes que vivir más relajado», que si «tienes que pensar en la jubilación»… Incluso en las subtramas que abren de par en par la puerta a lo capcioso, como la relación entre el director de orquesta y una joven violonchelista (interpretada por la omnipresente Melina Matthews) se limita a una ristra de lugares comunes más centrada en el humor propio de una de las últimas películas de Santiago Segura, que en explorar los límites de semejante planteamiento. Un chiste sobre emojis, un par de gags, y si te he visto, no me acuerdo. ¿El desahucio, el hombre de la tercera edad que se está quedando a cero? Un chiste, un par de gags, y si te he visto, no me acuerdo. Y así. Tan alejada está la serie de buscar profundidad en tales temáticas (reales y cargadas de chicha), que incluso el que se diría su objetivo final, otorgar de humanidad y empatía a sus dos protagonistas, sale totalmente rana y acaba dibujando a dos viejos verdes y cuñaos que no le van a caer bien a nadie.

No encontrará el seguidor de las filmografías de sus creadores, pues, justificación alguna para su idolatría. Al contrario, se dará de bruces con lo que apunta a una pasada por el aro en toda regla y muy dolorosa, por lo que cuanto antes consiga asumirlo, mejor será. Porque en el fondo, ya lo decía al principio, son seis episodios de menos de media hora. Cuyo guion no se mueve de los lugares comunes y cuyo humor no funciona por estar tan impostado como la coleta de Rellán en la serie. Pero que pasa en un suspiro, que es formalmente impecable y que cuenta, claro, con un reparto de aúpa. Ahí donde todo lo demás falla, Resines y Rellán se mantienen firmes en unos roles que clavan y, de hecho, si sus personajes en ficción se salvan de ser rechazados por completo por parte del público, es justamente porque a veces los logran recuperar con una reacción que derrocha naturalidad, una mirada, un intercambio creíble.

En definitiva, Sentimos las molestias es una sonora decepción. Ya no sólo para conocedores de Cavestany y Fernández Armero, sino porque nunca acaba de resultar ni sorprendente, ni especialmente graciosa. Pero de una manera o de otra, no se abandona. Se ve hasta en final porque algo hay en ella: su reparto atinado, un buenismo que a la postre se acaba contagiando, o la curiosidad por ver hasta dónde puede llegar (spoiler: no llega); sumado a su total falta de mayores pretensiones que las de ofrecer un… «entretenimiento» quizá sea demasiado, ¿»distraímiento»? Venga. De ofrecer un distraímiento ligerísimo, consiguen hacerla caer en gracia o, por lo menos, no hacerla caer en desgracia. Vamos, que si hubiera sido perpetrada por un piloto automático o un algoritmo, no habría habido mucho que decir. Quizá sea cosa mía, por exigir demasiado…

Trailer de Sentimos las molestias

abril 7, 2022

Por Carlos Giacomelli

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Carlos Giacomelli

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