Javier Cámara y Carla Quílez se ponen a las órdenes de un Diego San José que cambia un poquito de tercio habitual, alejándose de la comedia para adentrarse en un drama costumbrista que a cada capítulo va calando más y más hondo. Una salvajada emocional que empieza desde la más intrascendente de las anécdotas: un exentrenador de bádminton ve en una jugadora joven una promesa para el deporte; pero confluye en un intenso relato sobre segundas oportunidades, búsqueda de redención y fantasmas del pasado, no exento de crítica y denuncia social. Impecable.
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