Gustavo Faverón cambia radicalmente de estilo con Madame Vargas Llosa. En el sentido de que, por una vez, ha conseguido escribir un libro corto. Esa era la promesa que tenía hecha consigo mismo, o eso parece. Sea como sea, lo que no cambia es la exquisitez de su prosa, aquí traducida en un delicioso juego de personajes reales y ficticios, que entre otras cosas da pie a una reflexión sobre la historia de la cultura en general (y la literatura en particular) en Latinoamérica. Genial.
agosto 3, 2026
Por Fomorama
