El cine de Quentin Tarantino mola, entre muchas otras cosas porque se desprende de él, el amor infinito del cineasta por el medio. Entre sus muchos fetiches, el más gordo es el del cine de los 70. Y a ello le dedica Meditaciones de cine (Cinema Speculation en su versión original). Un tocho de 400 y pico páginas en las que el cineasta habla de alguno de los títulos setenteros que más huella le dejaron. A veces no son películas necesariamente buenas, pero de alguna manera, Tarantino saca a relucir valores que no todo el mundo sabe recoger.
¡Ah! Y el último capítulo se dedica a La casa de los horrores, película de la que tomamos prestado el nombre para crear todo este tinglado que acaba, justamente, con esta última reseña (antes de dar paso a sangre fresca… no te preocupes, que no nos vamos)
