Transcripción de la reseña de Orquesta
Hablar de Orquesta, la nueva novela de Miqui Otero, no es nada fácil. Lo primero que puede decirse, sin titubeos, es que se trata de un libro brillante, tanto en lo formal como en el contenido. Es una obra de una ambición coral, difícil de resumir: una historia que transcurre a lo largo de una sola noche de verbena en un pueblo gallego. Esa noche de fiesta popular se convierte en el escenario perfecto para componer un fresco humano donde caben todas las edades, condiciones y clases sociales, unidos, de un modo u otro, por la música.
Otero usa la música no solo como excusa narrativa, sino casi como voz central. Las canciones, integradas dentro del texto, funcionan como un hilo invisible que conecta los fragmentos de la historia. En ocasiones el lector se sorprende al reconocer una frase que le suena: “¿esto no es de una canción?”… y, efectivamente, lo es. El autor convierte esas letras en parte del relato, sin caer en el collage o en el pastiche, sino fundiéndolas con naturalidad dentro de la narración. Este juego metatextual, sutil pero ingenioso, invita a leer con el oído atento.
La novela se despliega como una sucesión de escenas que recorren la verbena y sus personajes: un conde moribundo, su hijo desagradable, dos enemigos de leyenda apodados el Casi Guapo y el Ambipur, herederos de falangistas y de maquis, campesinos, músicos y parroquianos. Otero mezcla con soltura la cultura popular con el folclore gallego (la Santa Compaña, las mouras) y pequeños detalles nostálgicos de los años 80 y 90, como un mechero de la campaña “Todos contra el fuego”, o referencias contemporáneas como Rosalía. Todo ello construye un paisaje sin tiempo, un “no-lugar” entre lo real y lo simbólico.
Pese a esa aparente dispersión, Orquesta tiene una coherencia interna muy poderosa: habla en el fondo de lo de siempre, de la amistad, del amor, de las viejas rencillas, de la comunidad y del paso del tiempo. Hay mucho sobre hacerse mayor: los jóvenes que miran con extrañeza la vejez, los mayores que añoran su juventud. Otero describe todo eso con una prosa riquísima, sorprendente y entrañable, pero también capaz de captar lo grotesco cuando hace falta. Sus frases, engañosamente ligeras, encierran un virtuosismo que se descubre al detenerse en ellas. Cada línea parece “la frase del libro”, y sin embargo la siguiente vuelve a deslumbrar.
Orquesta no es un libro para devorar de un tirón. Exige leer despacio, detenerse, escuchar el ritmo interno de su escritura. No es una novela con un hilo conductor convencional; su naturaleza coral es precisamente lo que le da fuerza y sentido. Otero, periodista cultural y autor de títulos como Simón, Hilo musical, Rayos o La cápsula del tiempo, demuestra aquí una madurez narrativa notable.
Engañosamente ligero, profundamente humano y desbordante de música, Orquesta es uno de esos libros que parecen escritos para quedarse un rato largo resonando en la cabeza. Una auténtica maravilla.
